Pero, ¿cómo es posible engañarse a uno mismo? A veces incluso el propio cerebro nos engaña. La misión principal de este órgano es garantizar la supervivencia del organismo, y para ello elabora pero también deforma la información que recibe de los sentidos.
- Por una parte, existe el autoengaño consciente
- Una persona sabe que tiene que realizar algo, pero se convence a sí misma para dejarlo para mañana.
- Alguien reconoce que tiene un problema y se autoengaña pensando que el tiempo lo solucionará
- Sin embargo, en ocasiones la mentira está tan bien armada que ni siquiera se es consciente de ella. Así, una persona puede descubrir que ha borrado de su memoria hechos importantes o que se ha mantenido ciega ante las evidencias claras de que su vida naufragaba. El autoengaño es el más escurridizo de los mecanismos mentales, porque resulta difícil darse cuenta de lo que se prefiere ignorar.
Los puntos ciegos. "Todo es según el color del cristal del que se mira"
Se puede relacionar el autoengaño con la fisiología del cuerpo humano. Según un artículo de la revista Quo, En la parte interior del ojo existe una zona donde confluyen las neuronas del nervio óptico que carece de terminaciones nerviosas. Esta zona constituiría lo que llamamos un "punto ciego". Habitualmente no se percibe su existencia porque se compensa con una visión superpuesta de ambos ojos. No obstante, incluso cuando se emplea un único ojo resulta difícil distinguirlo, pues ante la falta de información visual el cerebro rellena virtualmente esa pequeña área en relación con el entorno.
Algo parecido sucede a nivel psicológico. Todas las personas tienen puntos ciegos, zonas de experiencia personal en las que son proclives a bloquear su atención y autoengañarse. Estas lagunas mentales tienden a ser rellenadas con fantasías, explicaciones racionales o imaginaciones. Está comprobado que no percibimos la realidad tal y como es, sino que elaboramos nuestra intepretación particular a partir de lo que captan los sentidos. Incluso la memoria resulta altamente engañosa, pues contiene una serie de filtros que seleccionan la información que llega a la conciencia.
Esquivar la realidad. "Ojos que no ven, corazón que no siente"
Cuando algo supone una amenaza, la atención suele recurrir a dos tipos de soluciones: la intrusión, en la que la persona se mantiene centrada en lo que le preocupa, pensando continuamente sobre ello, o la negociación, que supone desviar la atención y desconectarse del problema.
La tendencia a cerrar los ojos ante lo que inquieta provoca un efecto calmante, pues permite poner fin al estrés que genera una posible amenaza, una responsabilidad o un recuerdo traumático, entre otros. El autoengaño, por tanto, ayuda a protegerse de la ansiedad o el malestar disminuyendo el grado de conciencia.
Ante una enfermedad grave, algunas personas recurren a la negación: rechazan el diagnóstico o minimizan su seriedad, evitando reflexionar o hablar sobre ello. Esta estrategia tiene su función y puede resultar beneficiosa; es sabido que las personas con cáncer que niegan su enfermedad pueden sufrir menos ansiedad y depresión.
La negación, por tanto, implica un rechazo a aceptar las cosas tal y como son, y suele ser una de las primeras respuestas ante una pérdida o cambio importante. Supone una escapatoria momentánea antes de enfrentarse con la realidad. Sin embargo, así como en algunos momentos puede resultar útil, si se mantiene en el tiempo de manera rígida puede generar dificultades, como por ejemplo no tomar una actitud responsable para realizar los controles o tratamientos que precisa una enfermedad o no posibilitar la elaboración emocional de la situación. Ya lo decía Ortega y Gasset: "la negación es útil, noble y piadosa cuando sirve de tránsito hacia una nueva afirmación".
La trampa de la selección. "Peor que ver la realidad negra es el no verla"
Los seres humanos disponen de infinidad de trucos para mantenerse ajenos a la realidad. Además de la negación, se utilizan mecanismos de defensa como la racionalización, que permite ocultar los verdaderos motivos bajo una explicación lógica, o la atención selectiva, mediante la cual se percibe lo que interesa mientras se ignora el resto.
Estas herramientas brindan un refugio y son en cierto modo necesarias, pero al mismo tiempo condicionan nuestra manera de percibir y reaccionar frente al mundo. Como individuos, somos recopiladores y observadores de nuestra propia realidad, y a pesar de desearlo, rara vez solemos atribuirnos con mayor facilidad los éxitos que los fracasos, exculparnos y ver la paja en el ojo ajeno. Aunque otras personas tienden a interpretar que el fallo siempre está en su lado.
La evolución de la mentira. "Una mentira no tendría sentido si la verdad no fuese percibida como peligrosa".
El autoengaño es una mentira sofisticada, ya que ocultarse algo a uno mismo lo hace más invisible y difícil de descubrir para el resto. Mentir conscientemente, además, crea una contradicción en el cerebro y requiere un mator esfuerzo. En esto se basa el polígrafo (la máquina de la verdad), pues al falsear la respuesta aparecen señales de estrés a veces imperceptibles, como sudor, cambios en la presión cardiaca o la respiración.
La capacidad para mirar hacia otro lado también se ha mostrado fundamental para forjar las relaciones humanas. Se neesita cierta dosis de engaño para mantener la discreción, encubrir cuestiones embarazosas o proteger la integridad de otra persona. Sin embargo, tambie´n nos servimos del autoengaño para fines menos honorables, como embaucar a los demás, ocultar aspectos indeseables de uno mismo, lograr un objetivo a toda costa...
La verdad soportable. "En el interior del hombre habita la verdad"
Llegamos al meollo de la cuestión: ¿existe un equilibrio entre autoengaño y verdad? Sabemos que en ocasiones evitar la realidad nos procura una sensación de alivio, pero tambie´n conlleva un coste importante; lo que no se afronta tiende a repetirse.
Un concepto útil es el de la verdad soportable. Se puede apostar por reconocer la realidad, pero dándose tiempo para digerir poco a poco la información que resulta difícil. La mentira y la simulación terminan creando una terrible desconexión, ignorando quiénes somos y qué deseamos. Por eso, lo más importante sea quizá mantener un pacto de honestidad con uno mismo. A ese pacto ayudará reconocer que la realidad es mucho más amplia de lo que se cree. Sin embargo, puesto que siempre resulta difícil detectar los propios trucos, se necesita el espejo de los demás. Con sus comentarios, sus críticas y sus elogios, y su visión distinta, las otras personas contribuyen a iluminar rincones que hasta entonces permanecían ocultos.
Anexo. La sugestión colectiva
Detrás de los pequeños o grandes conflictos suele haber una parte de autoengaño. Es la que proyecta en la otraparte toda la maldad la desconsideración o el error, defendiendo obcecadamente el propio punto de vista. Eso constituye precisamente uno de los peligros de esta estrategia mental: justificar los propios actos bajo el amparo de la mentira que uno mismo se ha creado.
No hay que olvidar, además, que las ilusiones colectivas son un gran instrumento de manipulación. La mejor forma de ganar adeptos es haciéndoles creer en cuerta realidad. Una muestra dello son los colaboradores de un régimen opresivo como el del Tercer Reich, que reconocer hasta qué punto su conciencia estaba manipulada y eran incapaces de valorar lo que estaba ocurriendo.


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